¿El trabajo te dignifica o te degrada?

Quiero compartir una reflexión tomada del libro "Él me dirige" de Walter J. Ciszek, sacerdote que vivió años en campos de trabajo forzado en Siberia. Después de sufrir explotación humana, espiritual y psicológica, él reflexiona sobre la diferencia entre un trabajo digno y un trabajo que explota a la persona.

Comparto esta reflexión como preparación para la Cuaresma. En la Iglesia recibimos profundas meditaciones para vivir este tiempo con mayor intensidad espiritual; sin embargo, considero que también es importante complementar ese camino con preguntas concretas sobre nuestra vida cotidiana.

El trabajo no es solo un medio para recibir un salario que ayude a sostener a la familia. Es parte de nuestra identidad, de lo que somos y de lo que hacemos. A través de él no solo contribuimos económicamente, sino que también podemos glorificar a Dios.

El trabajo debería ser una experiencia que nos dignifique como personas humanas y espirituales, como hijos e hijas de Dios. Por eso vale la pena preguntarnos si lo que hacemos nos ayuda a crecer o si, por el contrario, nos está deshumanizando.


Esta Cuaresma es una oportunidad para preguntarnos:

¿Mi trabajo me ayuda a crecer como persona o me está vaciando interiormente?

¿Trabajo solo por obligación o lo disfruto, a pesar de que a veces es difícil, porque es parte de mi vocación?


Resolución:

Ora por la situación que estás viviendo en tu trabajo. Pídele a Dios que te guíe, te dé fuerza, discernimiento y sabiduría, o que te abra nuevos caminos si es necesario.

Quizá una buena penitencia sea esforzarte por crecer profesionalmente, mejorar tus relaciones laborales o dedicar más tiempo al silencio y a la oración. Incluso unos minutos para hablar con Jesús pueden transformar tu jornada.

Y si estás disfrutando tu trabajo, agradece a Dios y ora por quienes están luchando por conseguir empleo.

¡Medítalo!

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