En preparación para la Cuaresma
Te invito a meditar.
Recrea la escena mientras lees el texto sagrado: Jesús predica entre la multitud en el desierto. Lleva tres días con ellos y la gente tiene hambre (cf. Mc 8, 1-10). Pon atención en la actitud de Jesús. Está complacido porque la gente lo escucha y desea permanecer allí. Él sabe que está alimentando sus almas con la Palabra que sale de su boca.
Imagínate que tú estás ahí:
¿Cómo te sentirías escuchándolo?
¿Cómo te miras mirándolo?
¿Qué experimenta tu corazón mientras lo oyes hablar?
Reflexiona: aunque Jesús disfruta el momento, también se preocupa porque la multitud tiene hambre. Sabe que es necesario saciar esa necesidad indispensable para que puedan continuar. El Evangelio no dice que la gente quisiera irse; podemos pensar que, aun en el desierto, estaban consolados en su Presencia.
Pregúntate:
¿Hay partes de mi vida espiritual que se sienten consoladas porque percibo la presencia de Jesús?
¿Reconozco otras áreas donde experimento desierto, sequedad o confusión, y no siento su cercanía?
Resolución:
Reconoce las situaciones donde experimentas paz y consolación; agradece a Jesús por su presencia y su providencia.
También identifica aquellas áreas donde te sientes desolado y pídele que te muestre cómo Él sigue proveyendo para ti incluso en medio del desierto. Agradécele, desde ahora, el fruto espiritual que sacará de esa experiencia.
Conclusión:
La multiplicación de los panes sacia una necesidad física, pero la gracia de escuchar a Jesús en el corazón nos hace más fecundos. Él ilumina nuestra historia y transforma incluso el desierto en lugar de encuentro