Cambio De Mirada
El fracaso más grande es pensar que hemos fracasado desde la culpa malsana y la victimización, porque eso nos deja en el suelo.
Desde una comprensión meramente humana, podríamos percibir al Hijo de Dios como fracasado en la Cruz. Pero no es verdad. Quien vive desde la culpa destructiva y desde la cúspide de la soberbia puede pensar que la muerte de Jesús no valió la pena. Sin embargo, Jesús no fracasó ni como hombre ni como Dios.
Jesús resucitó con un cuerpo glorificado, promesa para nosotros de la resurrección de los muertos. Nos envió su Espíritu Santo para que, cada vez que caigamos, podamos levantarnos. Lo que parece fracaso es, en realidad, expresión de nuestra debilidad y limitación humana.
Cuando somos tentados, el Espíritu Santo nos recuerda que podemos defendernos con la Palabra y los sacramentos. Cuando caminamos por el desierto o atravesamos nuestra noche oscura, no estamos solos: Él nos acompaña.
Caer y levantarnos no es fracaso; es reconocer que somos humanos. Las caídas nos enseñan quiénes somos -limitados y débiles; las levantadas son signos de esperanza y abren caminos de crecimiento y relación con Jesús.
Los santos también caían y se levantaban. Trabajaban en aquello que podían cambiar y lo demás lo confiaban amorosamente a Dios. Por Jesús no solo podemos levantarnos de nuestras caídas, sino que aquello que aprendemos en ellas se convierte en alimento de santificación y transformación.
Te invito a meditar:
a)-Quizá estás viviendo un momento de prueba en la fe y sientes que no puedes más (lee Santiago 1, 1–11).
b)-Tal vez experimentas que te estás quebrando en pedazos… pero Dios está haciendo algo nuevo (lee Apocalipsis 21).
c)-Pregúntate si el sentimiento de fracaso te está definiendo o ves las caídas como una oportunidad para seguir el sendero de la santificación.