“Vivir en el interior con Dios, Santa Isabel de la Trinidad”
“Si se cree que las almas que se han dado a Dios no aman más que a Él, se engañan. Aman también al prójimo, y lo aman con un amor más grande, más fuerte y más verdadero.” (Carta 122 a Madame Angles)
Isabel está explicando que la unión con Dios no disminuye el amor al prójimo, sino que lo purifica y lo hace más grande, porque el alma empieza a amar con el mismo amor de Dios.
Reflexión:
Texto bíblico: “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado” (Jn 15,12)
La unión con Dios siempre se manifiesta en un amor más puro hacia el prójimo. Jesús nos enseñó a amar a los demás en la donación de nosotros mismos, movidos por el Espíritu Santo. Este amor se vive en el servicio cotidiano: en la esposa que cuida a su familia, en el trabajo bien hecho y en la atención al más necesitado. Pero no se trata de servir por servir, sino de hacerlo desde una profunda experiencia de Dios que nace en la oración. Como decía Santa Teresa de Jesús, estamos llamados a ser Marta y María a la vez, para que todo lo que hagamos no venga solo de nosotros, sino de Dios
1. ¿Busco el amor de las criaturas más que el amor de Dios?
2. ¿Qué lugar ocupa Dios en mis afectos y deseos más profundos?
3. ¿Mi amor hacia los demás nace de Dios o de mi necesidad de ser amado(a)?
4. ¿He experimentado alguna vez que amar a Dios me ayuda a amar mejor a las personas?
Oración:
Ven, Espíritu Santo, y consume en tu divino amor todo aquello que no es agradable a Dios; purifica en mí lo que me impide vivir en la divina voluntad.
Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón de amor para que ame con tu mismo amor. Que tu fuego santo sea luz en los momentos de oscuridad, sea mi fuerza en los momentos de prueba, y con esto santifique mi alma y pueda llevar a otros hacia Ti. Amen