San José: pequeño a los ojos del mundo, grande ante Dios
¿Cómo nos hubiéramos imaginado a San José celebrar su fiesta de cumpleaños?
-Te invito a mirar la imagen.
San José fue un hombre justo, un hombre con la misión más importante: cuidar y custodiar a María y a Jesús en un momento de la historia única que pasaría a la Plenitud de los Tiempos (cf. Mc 1,15). Pero Dios, en su infinita misericordia, vio que era el tiempo de la Encarnación del Verbo, del Emmanuel con su pueblo. Para esto, Dios quiso que este misterio de amor se viviera en familia, y escogió a la Virgen María y a San José.
Reflexionaemos:
¿Nos podemos imaginar la mirada de Dios sobre ellos?
¿Nos podemos imaginar lo que podía estar sintiendo Dios al ver a San José cumplir con sus tareas, en especial la de amar a María y a Jesús?
¿Y nos podemos imaginar cómo amaban María y Jesús a San José?
San José fue un hombre muy sencillo; no dijo ni una sola palabra en las Escrituras, pero su ejemplo nos enseña toda una teología espiritual: la del amor perfecto en Dios, en la familia y en la sociedad.
San José vivió plenamente una vida contemplativa activa, siempre admirado por la acción de Dios en su vida, tanto en las cosas buenas como en las difíciles de enfrentar.
Él supo estar siempre bajo la mirada de Dios.
San Juan de la Cruz nos enseña que el Mirar De Dios es Amar.
En este día, te invito a que hagas un espacio de unos minutos, cierres los ojos, pongas las manos en tu corazón y le pidas a San José, como buen intercesor —porque contempla a Dios cara a cara—, que ore por ti y tu familia, en especial por la necesidad que tienes. Pero, sobre todo, pídele la gracia de ser humilde y de ser una persona de oración y amor para los demás.
Bendecida Solemnidad de San José.